13.8.16

FIDEL - EL COMPAÑERO IMPRESCINDÍVEL









¡Cómo lo voy a olvidar! Fue un encuentro casual, muy casual. Al poco tiempo de estar en Cuba, empecé a presentar problemas con la tiroides, por el propio estrés del año de la clandestinidad, por el secuestro del avión; alguna huella tenía que dejar. Yo había ido al Fajardo a verme con mi endocrinólogo, Santiago Hung, y con Mateo, el jefe de Endocrinología en Cuba. Estaba en el lobby, un poco distraída, y no lo vi llegar. Fue en el elevador cuando me fijé en aquel hombre, que de repente me pregunta: ¿por qué te pintas el pelo, muchacha? —siempre he tenido canas. Lo único que atiné a contestar fue: Yo no me pinto el pelo, Comandante. Como se percató de que me había quedado como una tonta, parada como una estatua de sal —sucede con todo el mundo cuando se lo encuentra por primera vez, porque es la propia historia delante de ti, es impresionante—, le preguntó a Mateo: ¿qué tiene ella? ¿De qué nacionalidad es? Mi corazón latía a 200 revoluciones por segundo. Es brasileña y tiene problemas con la tiroides, respondió Mateo. Le empezó a explicar porque, como sabemos, Fidel todo lo pregunta, todo lo quiere saber: cuál es la medicina, cómo es el tratamiento... Es una pregunta ambulante. Y entonces finalmente dijo: Bueno, entonces cuídala, que los brasileños valen oro. ¡Ah, cará, para qué dijo eso! Yo no hablaba con nadie, ni quería que nadie me tocara. Me sentía como un lingote de oro puro.

Cuando hablas con él por primera vez todo se te olvida. Es como ver a Miguel Ángel Buonarroti haciendo el David o a Leonardo Da Vinci pintando. Se te doblarían las piernas, empezarías a temblar... Y luego, no te olvida.

Unos meses después lo volví a encontrar, y la primera pregunta que me hizo fue: ¿Estás bien de la tiroides? Los cubanos saben que él es así, pero cuando uno lo cuenta a otras personas, te miran como diciendo: está loca, está inventando. Hace como dos o tres años, en la presentación del libro La memoria donde ardía, de Miguel Bonasso, conversé otra vez con él: Comandante, ¿usted se acuerda de mi hijo? ¡Cómo me voy a olvidar de mi hijo brasileño! Y abrazó a Marcelo. Enseguida empezó a recordar la niñez de Marcelo, que es un hombre ya. Habló del día en que llegaron los niños chiquitos y él mandó a decir que sí, que los aceptaba como sus hijos y de la Revolución. Así fue cada vez que tuve la felicidad de verlo. Jamás se olvidó de mí. Nunca nos olvidó.

FIDEL - EL COMPAÑERO IMPRESCINDÍVEL









¡Cómo lo voy a olvidar! Fue un encuentro casual, muy casual. Al poco tiempo de estar en Cuba, empecé a presentar problemas con la tiroides, por el propio estrés del año de la clandestinidad, por el secuestro del avión; alguna huella tenía que dejar. Yo había ido al Fajardo a verme con mi endocrinólogo, Santiago Hung, y con Mateo, el jefe de Endocrinología en Cuba. Estaba en el lobby, un poco distraída, y no lo vi llegar. Fue en el elevador cuando me fijé en aquel hombre, que de repente me pregunta: ¿por qué te pintas el pelo, muchacha? —siempre he tenido canas. Lo único que atiné a contestar fue: Yo no me pinto el pelo, Comandante. Como se percató de que me había quedado como una tonta, parada como una estatua de sal —sucede con todo el mundo cuando se lo encuentra por primera vez, porque es la propia historia delante de ti, es impresionante—, le preguntó a Mateo: ¿qué tiene ella? ¿De qué nacionalidad es? Mi corazón latía a 200 revoluciones por segundo. Es brasileña y tiene problemas con la tiroides, respondió Mateo. Le empezó a explicar porque, como sabemos, Fidel todo lo pregunta, todo lo quiere saber: cuál es la medicina, cómo es el tratamiento... Es una pregunta ambulante. Y entonces finalmente dijo: Bueno, entonces cuídala, que los brasileños valen oro. ¡Ah, cará, para qué dijo eso! Yo no hablaba con nadie, ni quería que nadie me tocara. Me sentía como un lingote de oro puro.

Cuando hablas con él por primera vez todo se te olvida. Es como ver a Miguel Ángel Buonarroti haciendo el David o a Leonardo Da Vinci pintando. Se te doblarían las piernas, empezarías a temblar... Y luego, no te olvida.

Unos meses después lo volví a encontrar, y la primera pregunta que me hizo fue: ¿Estás bien de la tiroides? Los cubanos saben que él es así, pero cuando uno lo cuenta a otras personas, te miran como diciendo: está loca, está inventando. Hace como dos o tres años, en la presentación del libro La memoria donde ardía, de Miguel Bonasso, conversé otra vez con él: Comandante, ¿usted se acuerda de mi hijo? ¡Cómo me voy a olvidar de mi hijo brasileño! Y abrazó a Marcelo. Enseguida empezó a recordar la niñez de Marcelo, que es un hombre ya. Habló del día en que llegaron los niños chiquitos y él mandó a decir que sí, que los aceptaba como sus hijos y de la Revolución. Así fue cada vez que tuve la felicidad de verlo. Jamás se olvidó de mí. Nunca nos olvidó.

9.8.16

Mensaje de la Red en Defensa de la Humanidad / Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz PRESENT




Querido Comandante:

En ocasión de su nonagésimo cumpleaños, los miembros de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad, queremos hacerle llegar nuestra más sincera felicitación y,
sobre todo, nuestro más profundo agradecimiento por todo lo que usted ha hecho por los pueblos de Nuestra América y por los del resto del mundo.

Su figura ha sido permanente fuente de inspiración no sólo cuando, impulsados por la marea ascendente de las luchas populares, dábamos pasos firmes en dirección del socialismo, sino también en los recurrentes momentos en que nuestros avances se detenían como consecuencia de la ferocidad de la reacción del imperialismo y sus
aliados locales.

Si en las fases de ascenso su ejemplo nos obligaba a no darnos jamás por satisfechos ni satisfechas y, como buenos revolucionarios y revolucionarias, a proseguir con renovados bríos nuestra marcha; cuando
debíamos afrontar las adversidades o la contraofensiva del enemigo, el recuerdo de su actitud después del Moncada o el ataque del imperialismo en Playa Girón, fortalecía nuestros espíritus y nos convencía de que
la voluntad inquebrantable de luchar por nuestros ideales era el seguro camino hacia la victoria. Usted nos señaló ese rumbo en incontables ocasiones, y podemos asegurarle que esa enseñanza, que nos reiterara en
su reunión con los intelectuales el 10 de febrero del 2012, cuando dijo que "aunque nos dijeran que al mundo le quedan pocas semanas de vida nuestro deber sería luchar, seguir luchando hasta el fin", ha calado
muy hondo y ya es una marca indeleble en millones de latinoamericanos y caribeños que saben, como otros muchos que luchan en otras partes del mundo, que ese será nuestro destino: luchar hasta el fin, conscientes
de que las clases dominantes y el imperialismo jamás se darán por vencidos.

La convicción de que nuestras ideas y nuestros valores son infinitamente superiores a los de nuestros enemigos fue y es un alimento esencial de nuestra militancia revolucionaria. De usted aprendimos que
su defensa exige la más absoluta intransigencia. Como cuando, con virtuosa obstinación, usted se negara a arriar las banderas del socialismo en momentos en que se desintegraba la Unión Soviética y
desaparecía el campo socialista.

Gracias a su inquebrantable convicción, la Revolución Cubana pudo seguir su marcha y, con su heroico ejemplo, abrió un sendero que pocos años después comenzarían a recorrer numerosos países de Nuestra
América luego del triunfo de Hugo Chávez Frías en las elecciones presidenciales de Venezuela en diciembre del 1998. Si usted se hubiese dejado convencer por quienes le aconsejaban abandonar para siempre el
proyecto socialista y Cuba se hubiera arrojado a los brazos del capitalismo, el luminoso período abierto desde finales del siglo pasado hasta nuestros días, con la derrota del ALCA, la creación del ALBA, de
la UNASUR, de la CELAC, de Petrocaribe, del Banco del Sur, de Telesur, de la propia Red En Defensa de la Humanidad, jamás habría tenido lugar. La potente luz que irradiaba el faro de la Revolución Cubana fue
decisiva para impulsar a nuestros pueblos a dejar atrás la larga noche neoliberal de los años noventa y retomar el camino hacia nuestra Segunda y Definitiva Independencia.

Por eso nuestra deuda, la deuda de nuestros pueblos con usted, Comandante, es inconmensurable, y de ahí nuestra profunda gratitud por su integridad revolucionaria, por haber sido fiel a aquella maravillosa
definición de "revolución" que expresara en su discurso del 1º de Mayo del 2000, en uno de cuyos pasajes señaló que Revolución "es defender los valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo." A lo largo de su fecunda vida usted ha sido fiel a estas ideas, que vivirán eternamente en el alma de los revolucionarios y revolucionarias de todo el mundo, de todos aquellos que saben que otro mundo es posible y
necesario, y que si se lucha con la constancia y coherencia que usted ha demostrado durante tantos años, la victoria será inevitable.

¡FELICES NOVENTA AÑOS, FIDEL! GRACIAS POR SU EJEMPLO. PUEDE USTED ESTAR SEGURO DE QUE SEREMOS FIELES A SUS ENSEÑANZAS HASTA LA VICTORIA FINAL.

En nombre de la Red En Defensa de la Humanidad, su Secretaría
Ejecutiva, integrada por:

Carmen Bohórquez (Coordinadora General de la REDH)
Alicia Jrapko (REDH EEUU)
Ángel Guerra (REDH Cuba/México)
Ariana López (REDH Cuba)
Atilio Borón (REDH Argentina)
David Comssiong (REDH Del Caribe)
Fredy Ñáñez (REDH Venezuela)
Hugo Moldiz (REDH Bolivia)
Juan Manuel Karg (REDH Argentina)
Katu Arkonada (REDH País Vasco/Bolivia)
Luciano Vasapollo (REDH Italia)
Marilia Guimaraes (REDH Brasil)
Nayar López Castellanos (REDH México)
Omar González (REDH Cuba)
Roger Landa (REDH Venezuela)

EMAIL PARA OTRAS ADHESIONES: redh.celebra90aniversariofidel@gmail.com

Mensaje de la Red en Defensa de la Humanidad / Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz PRESENT




Querido Comandante:

En ocasión de su nonagésimo cumpleaños, los miembros de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad, queremos hacerle llegar nuestra más sincera felicitación y,
sobre todo, nuestro más profundo agradecimiento por todo lo que usted ha hecho por los pueblos de Nuestra América y por los del resto del mundo.

Su figura ha sido permanente fuente de inspiración no sólo cuando, impulsados por la marea ascendente de las luchas populares, dábamos pasos firmes en dirección del socialismo, sino también en los recurrentes momentos en que nuestros avances se detenían como consecuencia de la ferocidad de la reacción del imperialismo y sus
aliados locales.

Si en las fases de ascenso su ejemplo nos obligaba a no darnos jamás por satisfechos ni satisfechas y, como buenos revolucionarios y revolucionarias, a proseguir con renovados bríos nuestra marcha; cuando
debíamos afrontar las adversidades o la contraofensiva del enemigo, el recuerdo de su actitud después del Moncada o el ataque del imperialismo en Playa Girón, fortalecía nuestros espíritus y nos convencía de que
la voluntad inquebrantable de luchar por nuestros ideales era el seguro camino hacia la victoria. Usted nos señaló ese rumbo en incontables ocasiones, y podemos asegurarle que esa enseñanza, que nos reiterara en
su reunión con los intelectuales el 10 de febrero del 2012, cuando dijo que "aunque nos dijeran que al mundo le quedan pocas semanas de vida nuestro deber sería luchar, seguir luchando hasta el fin", ha calado
muy hondo y ya es una marca indeleble en millones de latinoamericanos y caribeños que saben, como otros muchos que luchan en otras partes del mundo, que ese será nuestro destino: luchar hasta el fin, conscientes
de que las clases dominantes y el imperialismo jamás se darán por vencidos.

La convicción de que nuestras ideas y nuestros valores son infinitamente superiores a los de nuestros enemigos fue y es un alimento esencial de nuestra militancia revolucionaria. De usted aprendimos que
su defensa exige la más absoluta intransigencia. Como cuando, con virtuosa obstinación, usted se negara a arriar las banderas del socialismo en momentos en que se desintegraba la Unión Soviética y
desaparecía el campo socialista.

Gracias a su inquebrantable convicción, la Revolución Cubana pudo seguir su marcha y, con su heroico ejemplo, abrió un sendero que pocos años después comenzarían a recorrer numerosos países de Nuestra
América luego del triunfo de Hugo Chávez Frías en las elecciones presidenciales de Venezuela en diciembre del 1998. Si usted se hubiese dejado convencer por quienes le aconsejaban abandonar para siempre el
proyecto socialista y Cuba se hubiera arrojado a los brazos del capitalismo, el luminoso período abierto desde finales del siglo pasado hasta nuestros días, con la derrota del ALCA, la creación del ALBA, de
la UNASUR, de la CELAC, de Petrocaribe, del Banco del Sur, de Telesur, de la propia Red En Defensa de la Humanidad, jamás habría tenido lugar. La potente luz que irradiaba el faro de la Revolución Cubana fue
decisiva para impulsar a nuestros pueblos a dejar atrás la larga noche neoliberal de los años noventa y retomar el camino hacia nuestra Segunda y Definitiva Independencia.

Por eso nuestra deuda, la deuda de nuestros pueblos con usted, Comandante, es inconmensurable, y de ahí nuestra profunda gratitud por su integridad revolucionaria, por haber sido fiel a aquella maravillosa
definición de "revolución" que expresara en su discurso del 1º de Mayo del 2000, en uno de cuyos pasajes señaló que Revolución "es defender los valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo." A lo largo de su fecunda vida usted ha sido fiel a estas ideas, que vivirán eternamente en el alma de los revolucionarios y revolucionarias de todo el mundo, de todos aquellos que saben que otro mundo es posible y
necesario, y que si se lucha con la constancia y coherencia que usted ha demostrado durante tantos años, la victoria será inevitable.

¡FELICES NOVENTA AÑOS, FIDEL! GRACIAS POR SU EJEMPLO. PUEDE USTED ESTAR SEGURO DE QUE SEREMOS FIELES A SUS ENSEÑANZAS HASTA LA VICTORIA FINAL.

En nombre de la Red En Defensa de la Humanidad, su Secretaría
Ejecutiva, integrada por:

Carmen Bohórquez (Coordinadora General de la REDH)
Alicia Jrapko (REDH EEUU)
Ángel Guerra (REDH Cuba/México)
Ariana López (REDH Cuba)
Atilio Borón (REDH Argentina)
David Comssiong (REDH Del Caribe)
Fredy Ñáñez (REDH Venezuela)
Hugo Moldiz (REDH Bolivia)
Juan Manuel Karg (REDH Argentina)
Katu Arkonada (REDH País Vasco/Bolivia)
Luciano Vasapollo (REDH Italia)
Marilia Guimaraes (REDH Brasil)
Nayar López Castellanos (REDH México)
Omar González (REDH Cuba)
Roger Landa (REDH Venezuela)

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